Sumario: I. Introducción. II. Situación actual. III. Desafíos.
I. INTRODUCCIÓN
“La Facultad de Derecho pretende, a través de su quehacer, contribuir al desarrollo y renovación del conocimiento en el área de las ciencias jurídicas y sociales para perfeccionar las instituciones propias de un estado de derecho, garantizando una convivencia basada en los valores de la justicia. Al mismo tiempo, la Facultad se impone seguir encabezando la formación de líderes y juristas que conduzcan los destinos del país, tanto en el servicio público como en el área privada, sobre la base de una formación apegada a la ética, la excelencia y la rigurosidad.” [1]
A partir de aquella base, de un discurso dado por Roberto Nahum en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, puedo inferir que, la referencia que hace, no necesariamente debe identificarse con el trabajo desempeñado por la escuela más antigua de Derecho del país, sino que va enfocado hacia la totalidad de las instituciones que se encargan de moldear a los futuros profesionales del derecho, ya sea en cualquier área en la que se desarrollen éstos.
Hay aspectos de los que se discrepa en la generalidad de las facultades de Derecho, hoy en día, existen más de cincuenta distintas escuelas en el país, en las cuales se ha fragmentado la manera de instruir el derecho, vemos la gran diferencia en el sello impuesto por cada establecimiento.
A modo de ejemplo, el licenciado de una escuela iusnaturalista con inclinación a la doctrina cristiano no tuvo una formación tan integra, como si la tuvo, por ejemplo un licenciado de una escuela laica que promovía el pluralismo de las ideas. Sin embargo, eso en el ejercicio profesional poco importa, lo que siempre se remarca es la metodología de trabajo, es claro que hay metodologías que sólo pertenecen a una institución y que al sufrir algún trasunto, resultan de una manera irregular, digo esto, respecto de que una copia, no podría ser igual o mejor que lo original.
En la parte doctrinaria sí se nota la marca del lugar de procedencia, pues frente a un debate de ideas, una argumentación (vía principios), un desplante de fundamentos, se da a conocer el tipo de educación que se le dio a la persona. Es innegable decir que, cada facultad de derecho del territorio chileno, tiene objetivos comunes, dentro de estos resaltan:
- La formación de aquellos litigantes que impregnarán las cortes el día de mañana.
- El surgimiento de profesionales que sabrán manejar las armas legales.
- La lucha por la justicia.
Analizaré a continuación cada uno de estos ámbitos.
Respecto del primero, creo yo, que es el objetivo primordial de cada escuela de derecho, aunque suene monótono. A modo de estereotipo, el abogado es aquel personaje que habita las cortes con el objetivo de velar por la satisfacción de los derechos de cada persona, ya sea protegiendo los interés de una persona en pos de defender su posición, o bien de atacar a la persona en pos de una conducta que no pertenece íntegramente al ordenamiento jurídico. Sin duda, ésta es la promesa que se le hace a cada novel que entra al mundo jurídico; el establecimiento educacional, le señala que al terminar el período de estudios accederá al mundo laboral en calidad de abogado y pues, es ese el sueño y la motivación de muchos que pisan una facultad de Derecho. Ahora bien, pueden tener otras motivaciones, quizás otros sueños, es más muchos son sometidos al estudio de la disciplina de un modo coactivo. [2] Me he desviado un poco del punto, pero lo que importa es que la facultad de Derecho es aquella que tiene la misión de forjar a aquellos que ocupen las aulas legales y por qué no, otras áreas donde se puede desenvolver el profesional.
En relación al segundo punto, está muy relacionado con el primero, pero se diferencia sustancialmente, respecto de que el primero sólo toca la corteza de lo que sería el segundo, me explico, el primero puede hacer referencia a aquellos profesionales que trabajarán en los edificios del poder judicial, pero no concretiza si es que deben saber o no, el manejo del instrumento llamado Derecho, pues se puede ser un abogado y litigar, pero no saber nada de Derecho (eso va ligado con la enseñanza de la cual puede gozar la persona). Ahora bien, el saber manejar las armas legales, está vinculado con el desplante que tendrá el abogado, respecto de cualquier situación. El manejo del Derecho, le significará el no mostrarse ajeno a ningún contexto, de modo que siempre pueda resolver sin mayores complicaciones, de esta manera se cumple no el principal objetivo de una facultad de derecho común, sino que satisface las expectativas de los docentes de cada institución.
Para terminar esta parte introductoria, me aboco al tercer punto que hace alusión a la lucha por la justicia. Se me preguntará, por qué la lucha por la justicia. En simples palabras, el ideal más resaltado por la doctrina y por un abogado que labora por vocación es perseguir la justicia, cueste lo que cueste. Frente a un choque entre el derecho y la justicia, debe preferir la justicia un abogado. [3] Si bien no es un ideal que se impregne a cada vástago de las escuelas de derecho, se adquiere con el amor a lo que se hace, se adquiere mediante principios, mediante valores (la justicia es un valor), se forja este sentimiento de pelear por lo que es justo y castigar las injusticias, en mi opinión para que el sistema chileno de “administración” de justicia sea menos imperfecto (o perfecto como señalan muchos “desubicados”), se podría enseñar desde una perspectiva ética (o quizás filosófica) que la justicia debe primar ante la letra –explícita- de la ley, pues a veces presenciar una injusticia o quizás vivirla, no es una cosa que cause euforia.
Para una formación más completa de un licenciado en ciencias jurídicas y sociales, se podría instruir fuertemente el concepto de justicia y sus implicancias, a propósito de la entrada del bosquejo de una idea de justicia.
II. SITUACIÓN ACTUAL
Saliendo un poco del campo contemplativo, respecto de la sucinta referencia a la justicia, hablaré de la situación actual en las facultades de Derecho.
Podría referirme a la situación actual en relación a la calidad de la educación que provee cada facultad de Derecho, en relación a las problemáticas que tiene cada una en el método de enseñanza, en relación a la motivación de sus catedráticos, en relación al egreso de tanto profesional, pero me abocaré a la distinción de la labor docente que se realiza en ellas, pues es más relevante que las otras, –en este análisis- también echaré pincelada al método de enseñanza, ya tratado grosso modo en la entrada de la enseñanza del Derecho en Chile.
Ahora bien, se suscita un problema considerable en el sopesamiento de la labor de los catedráticos en los establecimientos educacionales, el cual se refiere a: la manera de desenvolverse en ciertas instituciones.
Paradigmáticamente, un académico con un conocimiento muy dilatado, pergaminos de prestigiosas escuelas; en su desplante en las instituciones de subrayada tradición, realiza –en conocidos casos- un trabajo decente y respaldado por la sola imponencia de su autoridad; acto segundo, el mismo académico, migra de la institución de magna trascendencia hacia otra de menor antigüedad para realizar la misma labor, aunque –en términos concretos-menos exigente. Seguido de cómo se vanagloria el centro educacional de tener al profesional en sus filas, ahora bien, aquel docente realiza la labor por una suma de dinero más suculenta.
Siguiendo aquel ejemplo, se infiere que es un panorama que se vive hoy en día en las escuelas de Derecho de Chile.
Explicado, sería que las aglomeraciones estudiantiles con antigüedad, prefieren destacados alumnos para que realicen la labor docente, pues estos exigen una suma menor para su realización y en reiteradas ocasiones, el trabajo resulta ser de mayor calidad, pues se preocupan de impregnar un sello propio y que quizás se extienda en el tiempo. Luego se repite el círculo y aquel profesional emigra de la institución por una no detestable suma de billetes, aunque eso es harina de otro costal.
Respecto de la contraparte de estos destacados egresados, están los maestros de la disciplina que además de realizar la labor en las instituciones de peso, las efectúan en las nacientes escuelas. Consecuencia de esto último, es que dejen las actividades en las primeras instituciones y se dediquen de lleno en las otras, siendo las caras visibles y grandes impulsores de la motivación de los estudiantes que tienen una larga tarea. Lo que intento decir con esto, es que se dispersan los colosos de la materia y por ende, el conocimiento que éstos pregonan, de este modo no se concentra en una sola unidad y no se impone una elite dominante.
La apreciación que hago, puede considerarse crítica, pero no necesariamente debe ser interpretado desde esa parte, más bien se hablaría de una descentralización del conocimiento, así este migra de institución en institución. Claro que las consecuencias que podría traer esta afluencia, esta chorrera de saber, puede llevar a equiparar el sistema, así no importaría tu lugar de procedencia, sino que se daría primacía al cartón que llevases bajo el brazo.
A lo que quiero apuntar (y quiero ser bien certero en el punto), tiene relación directa con la fragmentación del conocimiento y la repartición que se hace en las diversas mentes que entran a estudiar la disciplina, así no se concentra todo en un solo lugar. Ahora bien, esto da cabida –directamente- al surgimiento de nuevos intelectos, que quieren buscar su oportunidad, así dan lo mejor de sí mismos para realizar una labor impecable. Con esto se busca menguar, la permanencia y hasta, la inoperancia de los grandes catedráticos para que no monopolicen la totalidad del saber en sus retinas, sino que se de lugar a la innovación, al surgimiento de nuevas tendencias.
III. DESAFÍOS
Hoy en día, los desafíos que enfrentan las facultades de Derecho son, netamente individualistas, pero siempre hay aspectos comunes entre los iguales.
Probablemente una facultad con un tremendo bagaje de tradiciones, tendrá el desafío de seguir manteniendo aquel estatus que le ha permitido proyectarse en el tiempo, a modo de ejemplo, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica. Es claro que hay otras instituciones que rápidamente han escalado posiciones y se han ubicado casi a la par con éstas, entonces, la misión de las previamente mencionadas es, imponer su sello de calidad, dar a entender el por qué tienen ese compromiso con el Derecho desde hace años. Hay otras facultades que en el siglo XX fueron conformadas con la mente en las metas (que describí en el primer apartado) y que de cara al siglo XXI, buscan adentrarse en el camino del prestigio, buscan también, obtener grandes resultados, quizás con fines lucrativos, o quizás con el espíritu académico que se impregna desde la Real Universidad de San Felipe.
Ahora bien, se comparten desafíos entre los establecimientos, dentro de esta generalidad se pueden encontrar:
- El mejorar la cultura jurídica que se tiene en el país
- El facilitar la interacción del derecho con la sociedad, las tecnologías, en general, la cotidianeidad.
- Formar los litigantes de excelencia.
Respecto del primer punto, un desafío que considero común, guarda relación con el mejoramiento de la cultura jurídica de los chilenos. Esto se puede hacer, mediante, una mejor enseñanza de los conceptos básicos del derecho, mediante la difusión de “campañas” para que la gente conozca más detenidamente los derechos que posee y quizás, despejar de alguna manera, el estereotipo que se tiene no sólo de las leyes, sino también del derecho. Si hablo de los conceptos básicos del derecho, me refiero puntualmente a que la gente debe saber: qué es una norma, qué consecuencias trae no acatarlas, cuál es la función del derecho en la sociedad y tal vez, de dónde emanan las normas que debemos obedecer.
En relación a la difusión, ésta se enfoca preponderantemente en que la gente sepa que derechos tiene y qué puede hacer con ellos, esto serviría para evitar las injusticias y las grandes sorpresas que se tienen frente al Artículo 8 del Código Civil.
Finalmente en este punto, la posibilidad de despejar el estereotipo que tiene mucha gente de las leyes, o sea “que no sirven para nada”. Hay gente que incurre en la infracción del sistema jurídico con el típico pensamiento de: “las leyes no funcionan.” En rigor, siempre funcionan y en esas situaciones se aplica coercitivamente la ley, quizás el despejar el estereotipo, ayude a un mayor respeto de la ley, caso frecuente de lo dicho es “la puerta giratoria”.
Cuando hago alusión a la facilitación de la interacción del derecho con la sociedad, las tecnologías y la vida cotidiana, lo veo principalmente, por cómo se relacionará la disciplina con estos gajes en determinados contextos. Respecto de la sociedad, tiene que ver un poco con la cultura jurídica, ésta es determinante cuando se trata de producir efectos en la comunidad. La relación entre derecho y sociedad –sólo por la cubierta- se ha dado desde tiempos inmemoriales y siempre ha traído un cúmulo de problemas, la misión de las facultades de derecho sería decrecer el número de líos que se suscitan entre estos dos polos.
En la interacción del derecho y la tecnología, cada vez se ha modernizado más y se ha procurado hacer una sana y no compleja relación, para estos efectos ayuda la informática jurídica y el derecho informático, estos instrumentos permiten acercar a ambos campos. La informática y sus métodos, sin duda además de sistematizar los datos y hacer expedito el acceso inmediato, ha permitido que se desarrolle de una manera más eficiente el trabajo de los profesionales del Derecho. Por otra parte, el derecho informático, ha realizado una labor impecable en la regulación de aquellos fenómenos ajenos a las ramas comunes del derecho.
En el punto del derecho y la vida cotidiana, pues es claro que el derecho está presente en la mayoría de los aspectos de nuestra vida. Lo que se pretende facilitando la relación, está relacionado con el vencer aquel estereotipo de que “el derecho no sirve”.
Finalmente, está la formación de litigantes de excelencia. Se ha visto que los pioneros en la enseñanza del derecho, tienen –prácticamente- la elite de litigantes y es claro que el desafío para esas instituciones es mantener el sello de calidad que se imprime en cada profesional y que se proyecta a la hora del ingreso de nuevos proyectos de abogado.
El panorama es distinto para los establecimientos que tienen poca trayectoria, ellos no buscarán el mantener un estatus, sino más bien alcanzar un estatus determinado, que posteriormente en el largo plazo, les permita obtener un sitio en el olimpo de la disciplina. Eso no quita que hayan producido, grandes profesionales que hoy en día, ocupan claramente un banquillo en la elite del derecho. La meta a seguir es clara, las protoescuelas de derecho, querrán posicionarse en la excelencia.
[1] Nahum, Roberto: Gestión Institucional, Decanato 2002-2006
[2] Entiéndase aquellos que estudian derecho por un espectro de tradición familiar, o bien por obligación paternal. Claro que sin cerrarse a otras posibilidades, pues es un marco bien amplio.
[3] En palabras de Eduardo Couture, a propósito del decálogo de un abogado y su numerando cuarto.
